-☆☆☆☆☆- [sin calificación] [👍]
Una película contemplativa, lenta y bien hecha.
Dos amigos de la infancia se reencuentran tras años sin verse. Separados por el océano Atlántico, han forjado sus vidas en continentes distintos, pero al reencontrarse sienten como si nunca se hubieran separado. Julián (Ricardo Darín) y Tomás (Javier Cámara) pasarán unos días inolvidables juntos: riendo, recordando, llorando, porque su reencuentro es también su última despedida. Es una elegía a la amistad y al amor. Un retrato sincero del valor que se necesita para aceptar que la muerte es solo una parte más de la vida.
Es raro encontrar una película que retrate con tanta convicción la sinceridad y la profundidad de una amistad masculina duradera, y es mérito de ambos actores.
Fue interesantes los diferentes escenarios utilizados para explorar los temas principales. Los cuatro días de la visita de Tomás, Julián se encuentre con un considerable número de personas clave que han influido en su vida. No solo llegamos a comprender su relación con Tomás, sino también con su hijo, su ex-esposa, sus supuestos amigos y aquellos a quienes lastimó.
El hecho de contar con el talento combinado del español Javier Cámara y el argentino Ricardo Darín debería ser razón suficiente para que el público del cine de autor busque este tierno drama sobre un querido actor que debe reconciliarse con varios problemas existenciales, como encontrar un hogar para su perro, antes de despedirse en sus propios términos. Si bien no es que sea algo revolucionario, consigue algunos momentos interesantes y conmovedores.
Ambos actores tienen una relación casi íntima y cordial, el director se toma su tiempo para manejar su reintroducción, con el fiel perro de Julián, Truman, como catalizador (en lugar de los logros profesionales de Julián o sus relaciones pasadas) de los momentos más sinceros de la película. Decidir con qué familia o persona dejar a Truman se convierte en la última gran misión de Julián. Del mismo modo, un momento inesperado en un restaurante con un hombre al que una vez engañó conserva ese mismo anhelo de dejar el mundo mejor de cómo lo encontró. Estos momentos suelen funcionar mejor que algunos de los diálogos más filosóficos o reflexivos de Julián. Una cosa es llenarse de palabras reflexivas y otra pasar a la acción.
Javier Cámara tiene el personaje más difícil de desentrañar, aunque se desarrolla una sutil simpatía en sus escenas con personajes secundarios, como la prima de Julián, Paula, interpretada por la actriz ‘Dolores Fonzi’. Esto da pie a un romance casi improbable, que permite a estos personajes liberar algo de angustia distrayéndose con el placer.
El ‘Truman’ del título es su querida mascota, a la que necesita encontrar un hogar pronto antes de que ya no pueda cuidarlo. Los dos amigos visitan un par de posibles hogares, pero nunca es una parte de la historia que resulte creíble, pareciendo más un recurso para hacer avanzar la trama que un elemento convincente del desenlace de Julián. Incluso parece olvidarse del perro por un tiempo, centrándose en Julián, Tomás y la prima, Paula. Cuando el animal reaparece al final, sirve para brindar un cierre para el duelo y la aceptación. Si bien el tiempo que pasamos con el animal, por muy adorable que sea, aporta poco, no ocurre lo mismo con Julián y Tomás, quienes capturan la experiencia de enfrentarse a lo inafrontable y reconectar después de que sus vidas los hayan llevado por caminos diferentes. Esto es más que suficiente para que Truman valga la pena verla.
Director: Cesc Gay



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