-☆☆☆☆☆- [sin calificación] [👍]
Filmado en blanco y negro, algunos paisajes urbanos y un apartamento íntimo donde la etapa indefinida entre la infancia y la madurez está atrapada. Es como una máquina del tiempo, y más la canción de Lafourcade ‘Un pato’, para disfrutar o contemplar el minimalismo de esta película.
El blanco y negro evoca el aburrimiento, captura la apatía de una generación del nuevo milenio casi atemporal, con un ingenio y siendo sutil. Dos chicos de catorce años en un apartamento de clase media en la Ciudad de México están solos en casa, matan el tiempo comiendo comida chatarra y jugando videojuegos. Un repartidor de pizzas que se queda a discutir sobre el pago con los chicos en el apartamento y una chica de dieciséis años que es la vecina de al lado que se queda en el apartamento a hornear porque su horno no funciona, además de que se siente sola.
Puede ser una película aburrida, pero también es contemplativa. El director Fernando Eimbcke aprovecha al máximo el espacio cerrado y el entusiasmo de sus actores relativamente jóvenes para hilar una serie de escenas curiosas que en conjunto dan forma a una historia ingeniosa y minimalista. También logra introducir referencias a problemas sociales como: la desintegración familiar, la confusión sexual, la precariedad de los servicios públicos y el estancamiento del mercado laboral. El barrio destartalado y los apartamentos casi como un confinamiento se convierten en un telón de fondo lleno de matices para una historia de transición de la niñez a la adolescencia.
Los dos chicos se muestran frescos y naturales en sus papeles de jóvenes solos en casa, reflejando más la realidad que las típicas formas de representar a los adolescentes. El papel del repartidor de pizzas, protagoniza los momentos cómicos y cargados de emotividad por el trasfondo de su vida. Y la vecina le añade ese despertar en la atracción sexual de uno de los chicos, el cual pudo haber sido la primera experiencia de muchos chicos a esa edad.
En cuanto al guion, su estructura destaca por su ritmo de quietud y dramatismo con profundidad emocional sutil, generando una dinámica entre los cuatro personajes que se intensifica en torno a su constante necesidad de buscar, jugar y llenar su tiempo libre. La escena donde los chicos disparan sus escopetas de juguetes rompiendo vidrios y porcelanas, representa el cuestionamiento que hacen a las figuras de autoridad en sus vidas (padres y jefes, en el caso del repartidor de pizza). Ofreciendo una mirada sosegada pero radical de la vida cotidiana de la clase media mexicana o latinoamericana, no optando por el camino de las narrativas de aspiración o lucha de clases.
Temporada de patos ofrece un retrato atemporal de la amistad, la soledad y las pequeñas rupturas que nos moldean. Con un presupuesto limitado o hasta precario que no impidió el ingenio y la creatividad del director. Cuatro personajes, una sola locación, una paleta monocromática y un guion astuto. Para muchos puede ser un clásico del cine independiente latinoamericano, para otros como una obra de culto, demostrando que lo que se necesita en el cine es la audacia de explorar el contraste contradictorio en la contemplación de la vida cotidiana a través de la inmadurez necesaria y la rabia adolescente.
Posdata: Incluye una versión en español de una canción bossa nova “O Pato” de João Gilberto, interpretada de manera genial por Natalia Lafourcade.
Director: Fernando Eimbcke
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