★★★★ [👍]
Una joven acaricia a su gato robot. De repente, suena el timbre. Abre la puerta, sin saber que tras ella se esconde su perdición. Desde sus primeros minutos, la película te engancha. En el desolador mundo futurista la esperanza parece una rareza, sustituida por el cinismo tanto de robots y/o IA como de humanos.
Siguiendo a Aline Ruby, una detective privada obsesionada con el intento de asesinato de Jun Chow, quien en realidad era el objetivo del asesino que eliminó a aquella estudiante al principio de la película, descubrimos un futuro sombrío donde los androides son la última especie esclavizada por la humanidad. Rechazados por la sociedad y tratados como monstruos, se ven obligados a satisfacer todas las necesidades y deseos humanos, incluso, por supuesto, los más oscuros.
Lo que me encantó de Mars Express es que, al igual que Ghost in the Shell, descubrimos este mundo no solo desde el punto de vista de Aline, sino también a través de los ojos holográficos del androide Carlos Rivera. Rivera, colega de Aline durante muchos años, murió cinco años antes de los eventos de la película en una traumática campaña de mercenarios, y su conciencia ahora está transferida a un cuerpo cibernético oxidado y obsoleto. La desgarradora historia de este personaje, que anhela reunirse con su esposa e hija, quienes han seguido adelante con sus vidas tras su muerte, da lugar a muchos momentos impactantes. ¿Se reunirá Rivera con su familia al final? ¿Qué le sucederá a Jun Chow, en medio de la gran conspiración que la película insinúa poco a poco? ¿Y cuál es la conexión entre Rivera, Ruby y el excéntrico multimillonario Chris Royjacker, el hombre más influyente de Marte?
A veces resulta difícil seguir la trama de la película. Pero es precisamente esa densidad de personajes, argumento y diseño del mundo lo que me mantuvo pegado, que para mí fueron como una inmersión lenta y profunda al borde de un abismo inexplorado. Un lugar donde se revelarían misterios, con personajes que se esfuerzan por encontrar la respuesta definitiva, el sentido de sus vidas. Esta atmósfera única se logra no solo gracias a un guion denso y diálogos complejos, sino también a través de la banda sonora, mezclando música electrónica y ambientes típicos de ciencia ficción, dan vida a este universo tecnocrático donde la humanidad es a la vez dueña y esclava de sus propios designios.
Por otro lado, me costó conectar con los personajes. Como ya se mencionó, Rivera y Ruby forman un dúo implacable, pero no me convencieron del todo hasta que la película empezó a profundizar en sus historias, especialmente en la de Carlos, que sin duda es el personaje más interesante. El hecho de que sea el androide dice mucho sobre el punto de vista cínico que impulsa Mars Express de principio a fin. Aunque los humanos tengan la mayor parte del tiempo en pantalla, queda meridianamente claro que los personajes, ya sean Aline, Jun o incluso el multimillonario Royjacker, han perdido completamente el rumbo en esta realidad. Sus acciones, impulsadas por una voluntad primigenia de supervivencia, fatalismo, locura o incluso pura desesperación, le dan a Mars Express un tono adulto radical y un mensaje sombrío.
Para los amantes de acción Cyberpunk encontrarán momentos memorables en las espectaculares secuencias de lucha, que si bien son escasas, rebosan intensidad. Se ve la influencia de Ghost in the Shell o RoboCop. Y esta es solo una de las muchas influencias que descubrirás al explorar esta película.
Es una película densa, el ritmo es irregular, a algunos personajes les falta profundidad y no todas las tomas fueron de mi agrado. Sin embargo, cuando más pienso en ella logra sumergirme aún más en el corazón de su fascinante oscuridad.
Director: Jérémie Périn
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