-☆☆☆☆☆- [sin calificación] ESENCIAL [👍]
Tan estrambótico que es divertido a su manera en especial por las versiones innovadoras de Satanás. Y ese final moderno y rocanrolero le añadió mística, aunque puede causar confusión (en mi caso), pero eso ya depende de la interpretación de cada uno.
Por el momento la única película que vi de Luis Buñuel es su famosa “Un perro andaluz“, que está en el blog, el cual verlo fue raro pero me gusto aunque obviamente condicionado por todo lo que se dice de ella. Lo que si me queda claro es que es un surrealista convencido, y claramente disfruta representando cómo el diablo quiere seducir y convencer a Simón; una seductora colegiala con tirantes, una mujer barbuda, sapos, cabras preñadas y ovejas aparecen con la misión de confundir. Particularmente la actriz Silvia Pinal hace un trabajo divertido representando de manera curiosa y atrevida a Satanás.
En las escenas iniciales, Simón se presenta como un individuo que busca a Dios a través del aislamiento social. Se ve a sí mismo como una figura de autoridad, capaz de comunicarse con Jesús y realizar milagros, como restaurar las manos de un hombre que las había perdido. Sin embargo, esta espiritualidad comienza a erosionarse a medida que avanza la película, y los aldeanos y sacerdotes pierden interés en las palabras de Simón, preocupándose únicamente por sus milagros. Al centrarse en estos milagros, Buñuel reflexiona sobre la ironía de cómo las personas pueden corromperse por las ganancias mundanas incluso dentro de sus propios sistemas de creencias. La película nos desafía a considerar si es posible una verdadera conexión con Dios en un mundo dominado por la hipocresía y la corrupción. Satanás es la única figura que no es hipócrita en la película, ya que su personaje permanece inmutable.
La interpretación de Buñuel de la teología impulsa la alegoría de la película, Simón sobre una plataforma elevada, una metáfora visual de la dificultad de mantener la fe y la condición humano o infrahumana que eso conlleva si se llega al extremo, el masoquismo religioso. Como muchas de sus películas seguramente, caracterizado por imágenes extrañas, una narrativa ilógica y la sátira.
Al final, mediante un anacronismo innovador, se ve a Simón y Satán en un bar de rocanrol de los años 60 fumando alrededor de una mesa, rodeados de jóvenes bailando. En las escenas finales, se podría argumentar que Simón llega a dos conclusiones: o está en el infierno (simbolizado por el bar y la música rock), y reconoce que su devoción masoquista a Dios es, en última instancia, inútil y condenada a la corrupción; o bien, puede que no esté en el infierno, sino que finalmente llegue a la conclusión de que los deseos hedonistas gobiernan el mundo, donde la importancia de Dios va ser cada más irrelevante.
En 45 minutos se arriesga temáticamente, demostrando lo efectivo que es Buñuel ante la cámara y su dominio de la narrativa. Donde según su visión muestra que las personas son ante todo egocéntricas, persiguiendo deseos mundanos incluso cuando aspiran a la bondad. Por mi parte después de verla, me dio más curiosidad en ver y seguir indagando en su filmografía.
Director: Luis Buñuel
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